Pasaban los años para Alicia y el abatimiento de la rutina comenzaba a hacer mella en su estado de ánimo. Aquella chiquilla dulce y pizpireta que soñaba con alcanzar al conejo blanco del reloj, sentía que el tal país de las maravillas no era otra cosa que una farsa en el abismo más absoluto, maquillado con intereses políticos y comerciales que condicionaban la vida de todos los habitantes del submundo. Alicia ya era toda una mujer. Había invertido varios años en su formación académica y profesional y ahora se encontraba por primera vez frente a un mundo sin oportunidades ni perspectivas de poder demostrar su valía; formando parte de un gran rebaño que por aquel entonces les deba por llamarlo “Generación Y”; la generación más preparada para trabajar pero con menos posibilidades de hacerlo. Eran años difíciles en los que las empresas se centraban en la producción masiva y manipulaban a la sociedad sin ninguna visión de mercado; y frente a esto la reina de corazones permanecía cruzada de brazos bajo el grito de “¡Que le corten la cabeza!” ante cualquier contrariedad. Todo parecía formar parte del mismo sumidero de conformismo social en el que le había tocado vivir.
Pero, ¿qué pasa si ella ya no quería vivir más en aquel país de las maravillas?
Abatida, se convencía a sí misma de que aquello parecía acercarse más a un país de pandereta y ella no quería formar parte de ese antagonismo social.
Abatida, se convencía a sí misma de que aquello parecía acercarse más a un país de pandereta y ella no quería formar parte de ese antagonismo social.
Así es como comenzó la búsqueda del lugar donde podía encajar, donde ser ella misma sin necesidad de ser prejuzgada injustamente, donde gritar, reír y soñar con total libertad… Así es como encontró la nube. Allí las grandes instituciones no tenían poder sobre los ciudadanos, si no que los habitantes de la nube eran quienes tenían el control de la comunicación. La información fluía con total naturalidad y las empresas debían preocuparse por un nuevo concepto denominado “identidad digital” en este nuevo paradigma social que estaba en constante construcción.
Alicia en la nube se sentía cómoda y era ella misma. Navegaba de aquí para allá sobre un nuevo vehículo desde el que contemplar su vida y esto le permitía contar con una visión diferente a la misma.
Allí se sentía más cerca de encontrar su sueño, y por primera vez, sintió tocar al conejo blanco y volvió a escuchar el tic tac de su reloj.
Llegados a este punto, es posible que pienses que estoy un poco loca, ¿algo majareta?
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